Un testigo del pasaje de El Mago por Nueva York fue Carlos Spaventa: “Yo vivía en Estados Unidos cuando Gardel llegó por primera vez. Me lo presentaron en el apartamento de un empresario/estanciero uruguayo llamado Gómez. Enseguida nos hicimos amigos, quizá porque no le hablé de su voz ni de su carrera artística. Charlamos, eso sí, de minas (mujeres) y caballos”, recuerda Ortíz, quien por ese entonces también era bailarín de shows americanos.

“Cuando podíamos separarnos de Lepera (Alfredo, el compositor), que no lo dejaba ni a sol ni a sombra, nos íbamos de farra, a comer cosas típicas, porque a pesar de que Carlos podía pagarse los mejores restaurantes, me pedía siempre ir a lugares de comida casera”.

“Le gustaba mucho un local de la Segunda Avenida, en Manhattan, donde uno podía comer milanesas y minestrone por 60 centavos. Claro, que ese era el anzuelo de la dueña, una avispada piamontesa que cobraba un dólar la botella de vino”, recuerda Spaventa.

“A Gardel le causaba gracia tener que tomar el vino en taza, como si fuera té, porque la propietaria no tenía autorización para despachar bebidas alcohólicas. El Morocho entonces hasta se mandaba la parte, soplando la taza como si pretendiera enfriarlo”.

El destino de las rubias:

la prensa hablaba de verdaderas orgías

Tras la muerte de Gardel, en 1935, las cuatro rubias recorrieron incansablemente todos los Estados Unidos representando a la ciudad de Nueva York con sus canciones que solían aludir a que, en efecto, Gardel se divirtió y mucho con ellas, tanto en forma individual como con todo el grupo, contraviniendo las costumbres moralistas de la época que calificaron aquello como verdaderas “orgías”.

El caso es que las cinco jóvenes recorrieron la nación promocionando lo que vivieron y disfrutaron junto al cantor, llegando a recrear un musical que las hizo famosas, convirtiéndose en el símbolo de Nueva York.

En 1943 viajaron a Europa a visitar a las tropas norteamericanas allí apostadas y mantener su moral bien alta. Terminada la guerra, un nuevo mercado se les abrió en un Viejo Continente destruido, pero ávido de escuchar sus alegres y despreocupadas canciones y disfrutar aquellas bellezas femeninas. Fueron furor en varios países, como España, Italia, Portugal, Grecia y Alemania Occidental.

En el Lido de París realizaron funciones durante un año, cada noche, ininterrumpidamente. Ya entrados los ’60, su rutina se fue opacando, en parte por la edad y también por la imposición de nuevos estilos musicales a los que no pudieron adaptarse. Las cuatro rubias se perdieron en el olvido.

Pero en 1986, el cadáver de una anciana fue la clave para revelar una insospechada trama de ocultamientos e historias desconocidas. Betty, una de las famosísimas «Rubias de New York» que participaron de la película «El tango en Broadway», protagonizada por el cantante Carlos Gardel, era en realidad «morocha y paraguaya». El cuerpo de Kelly Landau, fue encontrado en su casa de Westhills, California en el otoño boreal de 1986, nunca fue reclamado por familiar alguno y, luego de los estudios de rigor, y de conservarlo durante 24 años, se decidió su incineración en diciembre pasado.

Rudolph Alvarez, inspector de policía de Westhills y encargado del caso, creyó tener una pista cuando vio la película «El tango en Broadway», de 1934, un sábado a la noche en un canal de películas clásicas. «-Creí ver en los rasgos de esa simpática joven que compartía pantalla con Gardel, aquellos de esa anciana que teníamos en la morgue- relató Alvarez- pero…¡era una locura! ¿cómo saberlo sin poder cotejar el ADN?-«

Alvarez decidió contactar a la familia neoyorquina de Bette Middletown, la «Betty» de la película de Gardel e integrante del grupo formado casi por azar durante la filmación. Fue así que descubrió que no había rastros de familiares, ni vivos, ni en los cementerios de la «Gran Manzana». Dispuesto a olvidar el caso, recibió una esperanzadora llamada de Mariel Hatton, del Departamento de Salud de New York, diciéndole que Bette Middletown había donado sangre para los soldados de la 2º Guerra Mundial durante un radiotón organizado por el ayuntamiento local, y un fan había conservado algunas muestras.

Alvarez voló a New York, donde junto a Hatton cotejaron el ADN de Bette Middletown y Kelly Landau, ¡que resultaron ser la misma mujer!.

La sorprendente revelación disparó un dato aún mas revelador: «-La Señora Landau, era, en realidad, morocha y nacida en Asunción del Paraguay en 1912 con el nombre de Carmen Lanari. Adoptó el nombre de Kelly Landau para sus cameos en las primeras películas sonoras, pero asumió el papel de Bette Middletown cuando el éxito del número musical junto a Gardel forzó la formación del grupo ‘Las rubias de New York’-

Fuentes: https://www.eleditor.net/…/la-vida-secreta-de-carlos…/https://www.lanacion.com.py/…/gardel-y-el-enigma-de…/…

Compartir
Previous post AINU
Next post Los niños del cementerio